• Un rechazo en una relación. La pérdida de un empleo. Una prueba de salud. El sufrimiento a menudo tiene la manera de humillar a las personas. Después de dirigirse a los pastores, el apóstol Pedro les dice a ellos y a la iglesia que todos debemos humillarnos. Él no nos deja en la oscuridad respecto a lo que significa la humildad. Comienza, en primer lugar, con comprender que estamos “bajo la poderosa mano de Dios” (v. 6). Esto no solo se refiere al poder de Dios, sino también a Su cuidado providencial. Podemos echar sobre Él nuestras ansiedades y luchas porque Él cuida de nosotros.

    Él conoce el dolor que proviene del rechazo. Conoce la pérdida que viene al vivir la vida. Enfrentó las pruebas de la vida, pero no cayó en la tentación del diablo. Esto nos lleva a otro aspecto de la humildad para el cristiano. En medio del sufrimiento, la humildad es un llamado a ser sobrios y a estar alertas. El sufrimiento es un momento en el que podemos volvernos hacia nosotros mismos, inflarnos de orgullo y caer en la trampa de la tentación que Satanás ha tendido para nosotros. Por eso, la sabiduría de la Palabra de Dios debe ser atendida.

    La Palabra de Dios llama a los humildes en el sufrimiento a resistir al diablo y a mantenerse firmes en la fe. La Palabra de Dios llama a los humildes a entender que la vida cristiana no se vive en soledad, sino que hay otros creyentes que también han sufrido. Su sufrimiento y el nuestro se ponen en perspectiva bajo la guía de la Palabra de Dios y dentro del contexto de la comunidad cristiana. El sufrimiento es por un poco de tiempo, pero la gloria en Cristo es eterna.

    Aun así, el sufrimiento que experimentamos en la vida puede doler en el momento. Por eso, el ánimo de saber que estamos humillados bajo la poderosa mano de Dios no produce una reacción de temor, sino una respuesta de esperanza. Debido al poder de Dios, podemos descansar en la verdad de que Cristo es quien nos restaura, confirma, fortalece y establece. El dominio y la gloria pertenecen al Señor. Si buscamos exaltarnos a nosotros mismos cuando enfrentamos el sufrimiento, enfrentaremos humillación. Pero si nos humillamos cuando experimentamos el sufrimiento, Dios mostrará Su gracia y nos exaltará, porque hemos exaltado al que es digno, es decir, a Jesucristo.

    Preguntas para reflexionar:
    • ¿De qué maneras eres tentado a ser orgulloso en tiempos de sufrimiento?
    • ¿Cómo puede la comunidad de la iglesia ayudarse mutuamente a vivir con humildad en medio del sufrimiento?

  • A relationship rejection. A job loss. A health trial. Suffering often has a way of humbling people. After addressing shepherds, the Apostle Peter says to them and to the church that we all should humble ourselves. He does not leave us in the dark with what humility means. It first begins with grasping we are “under the mighty hand of God” (v. 6). This not only means the power of God but His provisional care. We are able to cast our anxieties and struggles on Him because He cares for us. He knows the hurt that comes from rejection. He knows the loss that comes in living life. He faced the tests of life but did not fall into the temptation of the devil. That leads to another aspect of humility for the Christian. In the midst of suffering, humility is a call to be sober-minded and to be on guard. Suffering is where we can turn inside, puff ourselves up with pride and fall into the temptation trap Satan has laid out for us. That is why the wisdom of God’s Word must be heeded. God’s Word calls for the humble in suffering to resist the devil and stand firm in the faith. God’s Word calls for the humble to understand the Christian life is not lived alone, but that there are other believers who have suffered. Their, and our, suffering is put in perspective in the guidance of God’s Word and the context of Christian community. Suffering is for a little while but glory in Christ is eternal. Still, the suffering we experience in life can hurt in the moment. That is why the encouragement that we are humbled under the mighty hand of God does not elicit a fearful reaction but a hopeful response. Because of the might of God, we can rest in the truth that Christ is the one who restores, confirms, strengthens, and establishes us. Dominion and glory belong to the Lord. If we seek to exalt ourselves when we are facing suffering, we will face humility. Yet, if we humble ourselves when we experience suffering, God will show His grace and exalt us because we have exalted the worthy one, namely Jesus Christ.

    Reflection Questions:

    • How are you tempted to be prideful in times of suffering?
    • How can the church community help one another with humility in suffering?
  • A lo largo del libro de 1 Pedro, hemos observado cómo es que los cristianos sufren por su fe. Hemos visto que debemos seguir el ejemplo de Cristo (2:18–25). Se nos ha dicho que cuando respondemos bíblicamente al sufrimiento por causa de la justicia, bendecimos y somos bendecidos. Hemos sido llamados a sufrir para poder participar en los padecimientos de Cristo y a sufrir conforme a la voluntad de Dios. Sin embargo, si nos limitamos únicamente a esta comprensión, tenemos una visión insuficiente. ¿Por qué? Porque en nuestro sufrimiento como cristianos, en última instancia, no sufrimos solos. Así como la vida cristiana no es una vida solitaria, nuestro sufrimiento tampoco es un camino que recorremos por nuestra cuenta. Dios nos ha dado la iglesia, la congregación de Su pueblo, para edificarnos unos a otros y para ser un testimonio colectivo, especialmente en tiempos de sufrimiento. Esta comprensión y aplicación de la iglesia en tiempos de sufrimiento debe comenzar con el liderazgo. Por lo tanto, el apóstol Pedro empieza allí.

    Pedro dirige su exhortación a estos hombres a quienes Dios ha llamado para liderar, enseñar y supervisar la iglesia. Dice que estos ancianos son “testigos de los padecimientos de Cristo, y también participantes de la gloria que ha de ser revelada” (5:1). Estos ancianos conocen los sufrimientos que Cristo padeció y ahora, como resultado, pueden participar de la gloria que Cristo posee al sufrir por la fe. Pero, en medio del sufrimiento, ¿qué deben hacer estos ancianos? Estos pastores deben vivir su llamado y “pastorear el rebaño de Dios que está entre vosotros” (5:2).

    En medio del sufrimiento, Dios manda a los líderes de la iglesia a pastorear. Los pastores no solo predican. Ciertamente hacen eso, alimentando a las ovejas del rebaño de Dios. Sin embargo, el papel del pastor incluye tanto alimentar como vigilar y cuidar. El pastor es quien alimenta al pueblo con la Palabra de Dios y quien vela por sus almas, observándolas y cuidándolas lo suficiente como para confrontar el pecado y consolar en medio de las dificultades. Esto es a lo que Dios ha llamado a aquellos que están en liderazgo en Su iglesia.

    Dios también ha dirigido en Su Palabra la manera en que estos hombres deben ejercer su pastoreo. Deben pastorear el rebaño de Dios con humildad y honestidad. No lo hacen por obligación, sino voluntariamente. No sirven de esta manera por ganancia deshonesta y vergonzosa, sino con ánimo pronto, en respuesta a la obra de Dios en sus vidas. No se enseñorean de la congregación, actuando como dictadores o como autoridad absoluta. Más bien, los pastores de la iglesia de Dios deben ser ejemplos para el rebaño, para sus congregaciones.

    En medio del sufrimiento, los pastores, en su liderazgo, deben reflejar humildad y honestidad. Viven de esta manera porque reconocen que no son la autoridad suprema. Quien lo es, es Aquel que viene otra vez. Por eso Pedro continúa diciendo: “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, recibiréis la corona incorruptible de gloria” (5:4). Los ancianos y pastores no son más que mayordomos al velar por sus congregaciones. Hay un solo Pastor principal, y ese es Jesucristo. Si el liderazgo humano de la iglesia es fiel a la tarea que se le ha encomendado y al pueblo que se le ha confiado, entonces recibirá su recompensa cuando el Pastor principal regrese para reunir a todo Su pueblo.

    Hasta entonces, que los líderes de la iglesia, particularmente los ancianos, sean fieles en pastorear al pueblo de Dios en sus congregaciones con humildad y honestidad, y que los miembros de la iglesia mantengan a sus líderes en oración por esta responsabilidad de pastorear en medio del sufrimiento.

    Preguntas para reflexión:

    • ¿Por qué es importante recordar, como cristianos, que vivimos y sufrimos como el cuerpo de Cristo y no meramente como individuos?
    • Para los ancianos en la iglesia, ¿cómo pueden ser más intencionales al liderar y servir con humildad y honestidad? Para los miembros de la iglesia, ¿cómo pueden orar por su pastor mientras él pastorea al pueblo que Dios le ha confiado para supervisar?