• “¿Por qué?” Es una pregunta que no hacemos cuando las cosas van bien, sino cuando no están funcionando a nuestro favor. Cuando las personas enfrentan dificultades, la respuesta inmediata normalmente no es positiva. ¿Qué sucede cuando alguien enfrenta sufrimiento por razones injustas, específicamente por ser cristiano? Puede encontrarse cuestionando por qué está recibiendo esta aflicción. Puede sorprenderse por ello. Sin embargo, como seguidores de Jesucristo, no deberíamos sorprendernos. El apóstol Pedro hace eco de las palabras de su Maestro cuando dice: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (4:12). En otras palabras, los cristianos deben esperar el sufrimiento. Deben esperar sufrir como cristianos (4:16). No solo deben esperar el sufrimiento, sino que deben regocijarse en medio de él. Tal regocijo no significa que nos alegremos por el sufrimiento en sí mismo. Más bien, nos regocijamos porque este tipo de sufrimiento nos da la oportunidad de participar en los padecimientos de Cristo (4:13). Creceremos en nuestra semejanza a Cristo, nos acercaremos más en nuestra comunión con Él, y Dios será glorificado. Como aquellos que se gozan en el sufrimiento por la causa de Cristo, somos bienaventurados cuando somos insultados por el nombre de Cristo (4:14). Predicamos el mensaje de la gracia de Dios y la esperanza del evangelio, pero no todos quieren escucharlo. Por eso, insultarán y ridiculizarán. La respuesta del cristiano no es devolver palabras de condenación ni buscar venganza. La respuesta del cristiano es glorificar a Dios y encomendarse a Él (4:16, 19). Dios es soberano, y Él hará que todas las cosas obren para Sus propósitos (4:17–18). Con este conocimiento de Dios, el cristiano puede confiar en el Señor. Puede sufrir como “los que padecen conforme a la voluntad de Dios”. ¿Cómo sufren conforme a la voluntad de Dios? Encomendando sus almas a un Creador fiel y a Dios, mientras ellos mismos se dedican a hacer el bien. Se encomiendan a Dios porque reconocen que Dios les ha confiado sus propias vidas. Los cristianos entienden que son mayordomos de lo que Dios les ha confiado. Por eso se encomiendan a Dios en el sufrimiento. Por eso hacen el bien en medio del sufrimiento. En lugar de permanecer en una postura de preguntas, prestemos atención a las palabras de Pedro y recordemos que Jesucristo murió por nuestros pecados para que tengamos vida en Él. Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y creemos en Jesús, nos damos cuenta de que no nos pertenecemos a nosotros mismos. Reconocemos que Dios nos posee, nos forma y nos muestra cómo ser semejantes a Cristo. Esto ocurre de manera suprema a través del sufrimiento (2:18–25). Así que regocíjate en el hecho de que el sufrimiento te permite participar en los padecimientos de Cristo, entendiendo que serás bienaventurado si eres insultado por el nombre de Cristo, mientras encomiendas tu vida a Dios en medio del sufrimiento.

  • “Why?” It is a question we ask not when things are going well, but when things are not working in our favor. When people face hardships, the immediate response is not usually positive. What about when somebody faces suffering for unjust reasons, specifically because they are a Christian? They may find themselves questioning why they are receiving this distress. They may be surprised by it. However, as followers of Jesus Christ, we are not. The Apostle Peter echoes the words of his Master when he says, “Beloved, do not be surprised at the fiery trial when it comes upon you to test you, as though something strange were happening to you” (4:12). In other words, Christians should expect suffering. They should expect suffering as a Christian (4:16). Not only should Christians expect suffering, they should rejoice in the midst of their suffering. Such rejoicing does not mean we rejoice for suffering’s sake. Rather, we rejoice because this type of suffering will give us the opportunity to share in Christ’s sufferings (4:13). We will grow in our Christlikeness, will draw closer in our fellowship with Christ, and God will be glorified. As ones who rejoice in suffering for the cause of Christ, we are blessed when we are insulted for the name of Christ (4:14). We preach the message of God’s grace and the hope of the gospel, but not everybody wants to hear that. So, they will insult and ridicule. The response of the Christian is not to speak words of condemnation back nor to seek revenge. The response of the Christian is to glorify God and to entrust themselves to Him (4:16, 19). God is the One who is sovereign, and He will work all things out for His purposes (4:17-18). With that knowledge of God, the Christian can trust in the Lord. They can suffer as “those who suffer according to God’s will”. How do they suffer according to God’s will? By entrusting their souls to a faithful Creator and God while they themselves go about doing good. They entrust themselves to God because they realize God has entrusted them with their very lives. Christians understand they are stewards of what God has entrusted to them. That is why they entrust themselves to God in suffering. That is why they do good in the midst of suffering. Instead of staying in the posture of asking questions, may we pay attention to Peter’s words and remember that Jesus Christ died for our sins so that we may have life in Christ. When we repent of our sins and believe in Jesus, we realize we are not our own. We realize God owns us, grows us, and shows us how to be Christlike. This happens supremely through suffering (2:18-25). So rejoice in the fact suffering allows you to share in Christ’s suffering, understanding you will be blessed if you are insulted for the name of Christ, all as you entrust your life to God in the midst of suffering.

  • Rick y Dick Hoyt fueron un dúo de padre e hijo que compitió en más de 1,000 carreras juntos a lo largo de cuarenta años. Rick nació con parálisis cerebral y fue cuadripléjico toda su vida, pudiendo comunicarse solo por medio de una computadora especial. Cuando era joven le dijo a su padre que quería correr para ayudar a un amigo discapacitado. Así comenzó el recorrido que inspiró a miles de personas. Dick desarrolló un asiento especial para que su hijo pudiera ir en cada carrera. El padre empujó a su hijo hacia la victoria para hacerlo sentir libre de su discapacidad. Un ejemplo asombroso de dedicación, resiliencia y del vínculo inquebrantable entre padre e hijo, el Equipo Hoyt abrió camino para que otros corredores discapacitados tuvieran el valor de competir (https://teamhoyt.com/about-us).

    Esta historia real nos lleva a una realidad paralela en la vida cristiana: Dios el Padre nos impulsa, a nosotros, rebeldes pecadores, impotentes y sin esperanza, hasta la línea final del cielo. Dependemos completamente de Él para soportar las dificultades de la vida. Nuestro Señor y Salvador nos salvó por su gracia para llevarnos a una relación correcta con el Dios trino. Él va detrás de nosotros, delante de nosotros, dentro de nosotros y a nuestro lado con el fin de llevarnos a casa a la gloria. El cielo espera a los santos fieles que perseveran hasta el fin. Y es el regreso de Cristo lo que motiva cómo vivimos aquí y ahora.

    El apóstol Pedro anima a los santos que sufren con este fin en 1 Pedro 4:7-11. Les dice que mantengan la línea de meta en mente. Escribe: “El fin de todas las cosas se acerca” y continúa con una serie de mandamientos. Deben ser prudentes, estar sobrios, amarse unos a otros profundamente, mostrar hospitalidad, servir a los creyentes con amor, usar sus dones para edificar la iglesia, hablar la verdad de Dios y servir con la fuerza de Dios (vv. 7-11). Todos estos mandamientos deben hacerse para la gloria de Dios por medio de Jesucristo (v. 11). Hay una hermosa joya escondida en este pasaje que lo llena de vida. Nosotros, como creyentes, somos “administradores de la multiforme gracia de Dios” (v. 10). La gracia de Dios es un diamante resplandeciente en el cofre del tesoro de la obra redentora de Dios. Su gracia es multifacética e inagotable en esplendor. Él es el Dios de gracia que reparte gracia a sus hijos amados. Además, gracias a Cristo pertenecemos a Dios el Padre y estamos llenos del Espíritu Santo. Así como Dick Hoyt impulsó a su hijo hacia la victoria, nuestro Padre celestial nos impulsa hacia la línea final de la eternidad. Hasta el regreso de nuestro Salvador, lo aguardamos con grande expectación. Debemos vivir vidas santas para darle gran gozo. Librados de su juicio, cada creyente debe vivir con enorme gratitud y humilde devoción como administradores de la asombrosa gracia de Dios.

    Preguntas de Aplicación:

    1. ¿Cómo puedes animar a tus hermanos en la fe a vivir para Jesús, esperando su regreso inminente?
    2. ¿Qué áreas de tu vida necesitan cambiar para dar gozo a tu Salvador y escuchar las palabras: “Bien hecho, siervo bueno y fiel… Entra en el gozo de tu señor” (Mat. 25:21)?