• Sea intencional o no, gran parte de nuestro evangelismo y de cómo compartimos el evangelio ha pasado por alto la realidad del sufrimiento en la vida cristiana. ¡Ciertamente, el evangelio es las Buenas Noticias! Sin embargo, el temor de fallar en compartir la verdad acerca del sufrimiento por la fe pinta un retrato color de rosa del cristianismo que simplemente es falso. Tu mejor vida no es ahora, sino la vida por venir. Sin duda, hay un gran gozo en tener una relación con Dios por medio de Jesucristo, pero el medio para crecer en esa relación no es mediante la auto-comodidad, sino mediante la conformidad al Hijo (Romanos 8:28-29). Esto normalmente ocurre a través del sufrimiento.

    El sufrimiento no solo nos hace crecer para ser más como Cristo, sino que también puede ser una herramienta para señalar a otros hacia Cristo. Esto es precisamente a lo que Pedro se refiere después de su exhortación sobre vivir de manera honorable al someternos a la autoridad del gobierno. Los cristianos glorifican a Dios honrando a aquellos que están en autoridad sobre ellos. Ahora él añade que los siervos deben someterse a sus amos. El mismo principio se aplica: debemos someternos a quienes están en autoridad. Por supuesto, la objeción surge rápidamente: “¿Pero qué pasa si los que están en autoridad son injustos?” La respuesta de Pedro es consistente: sométanse.

    Para aclarar, esto no es un llamado a ser pasivos o a soportar abuso sin buscar ayuda. Más bien, es un llamado a sufrir incluso cuando uno no lo merece. En otras palabras, es una exhortación a soportar el sufrimiento injusto porque resalta la gracia de Dios al buscar Su gloria. ¿Cómo lo hace? Recordándonos la persona y la obra de Cristo, y llamándonos a seguir Su ejemplo. Cristo es quien enfrentó el sufrimiento más injusto, muriendo en una cruz una muerte que no merecía y absorbiendo la ira de Dios que nosotros merecíamos por rebelarnos contra Él. El Salvador sin pecado sufrió por nosotros para que pudiéramos ser salvos, y solo entonces podemos seguir Su ejemplo (2:21).

    Por lo tanto, aun en nuestro sufrimiento seguimos a Cristo. Sufrir como el Salvador significa que no respondemos con pecado ni engaño (2:22), y que no devolvemos maldición ni amenazas (2:23a), sino que nos encomendamos a Dios. Cuando enfrentamos personalmente el sufrimiento injusto, lo dejamos en manos del Juez Justo (2:23). Con toda honestidad, no buscar venganza puede ser difícil, si no imposible. Sin el poder de Dios por medio del Espíritu Santo, eso es cierto. Pero para los cristianos, el Espíritu Santo mora en nosotros para darnos poder y capacitarnos para hacer lo que no podríamos hacer por nuestras propias fuerzas. Sabemos que podemos confiar en Dios, el Juez Justo, mirando a la cruz (Romanos 3:26).

    Cristo murió por nosotros y resucitó para que “muramos al pecado y vivamos a la justicia” (2:24). La vida justa consiste en confiar en Cristo, y lo hacemos sufriendo por Él y señalando a otros hacia Él en medio de nuestro sufrimiento. Es por Su sacrificio que somos sanados y por Su pastoreo que somos reconciliados con el Padre (2:25). Debido a Su sufrimiento y Su gloria, podemos recibir la salvación y sufrir como el Salvador.

    Preguntas para Reflexión:

    • ¿Cómo afecta la realidad del sufrimiento en la vida cristiana la manera en que respondes a las dificultades y la forma en que compartes el evangelio con otros?
    • ¿Cómo puede la iglesia ser un mejor testimonio en su respuesta al sufrimiento en la vida cristiana?
  • Whether intentional or not, much of our evangelism and sharing the gospel has neglected the reality of suffering in the Christian life. Truly, the gospel is the Good News! Yet, the fear of failing to share the truth of suffering for the faith paints a rosy-colored portrait of Christianity that is simply false. Your best life is not now but is the life to come. Certainly, there is great joy to be found in a relationship with God through Jesus Christ, but the means of growing in that relationship is not through self-comfort but through Son-conformity (Romans 8:28-29). This usually occurs by the means of suffering. Suffering does not only grow us to be more like Christ but it can also be a tool to point others to Christ. This is what Peter is getting at after his exhortation on living honorably by submitting to governmental authority. Christians glorify God by honoring those who are in authority over them. He now adds for servants to be subject to their masters. The same principle applies: we must submit to those in authority. Of course, the objection still is quickly raised, “But what if those in authority are unjust?” Peter’s answer is consistent: submit. To be clear, this is not a call to be passive and to take abuse without seeking help. Rather, the call is to suffer even when one may not deserve it. In other words, it is an exhortation to endure unjust suffering because it highlights the grace of God in seeking to glorify God. How does it do that? By reminding us of the person and work of Christ and calling us to follow His example. Christ is the one who faced the ultimate unjust suffering, dying a death on the cross He did not deserve and absorbing the wrath of God we deserved for our rebelling against Him. The sinless Savior suffered for us so that we could be saved, and only then can we follow His example (2:21). Therefore, even in our suffering we follow Christ. To suffer like the Savior means we do not respond in sin and deceit (2:22) and we do not repay in condemnation or threats (2:23a), but we entrust ourselves to God. When we personally face unjust suffering, we leave it in the hands of the Just Judge (2:23). In all honesty, to not seek revenge can be difficult, if not impossible. Without the power of God by the Holy Spirit, that is true. For Christians, though, we have the Holy Spirit dwelling in us to empower and enable us to do what we cannot do in our own power. We know we can trust God, the Just Judge, by looking to the cross (Romans 3:26). Christ died for us and rose again so that “we might die to sin and live to righteousness” (2:24). The righteous way of life is trusting in Christ and we do that by suffering for Him and point others to Him in our suffering. It is by His sacrifice we are healed and it is by His shepherding we are reconciled to the Father (2:25). Because of His suffering and glory, we can receive salvation and suffer like the Savior.

    Reflection Questions:
    How does the reality of suffering in the Christian life affect the way you respond to hardships and the way you share the gospel with others?
    How can the church be a better witness of responding to suffering in the Christian life?

  • La semana pasada vimos la identidad y la misión que los cristianos deben tener en su relación con Dios y con el mundo. Un mandato particular que el apóstol Pedro dio a estos cristianos que sufrían fue que mantuvieran su conducta honorable entre los incrédulos para que éstos llegaran a conocer y glorificar a Dios (2:12). Sin embargo, Pedro no deja ese pensamiento allí. Él va más allá de las generalidades y se pone específico sobre cómo estos cristianos pueden vivir vidas tan honorables. El primer lugar donde comienza es con la autoridad. Pedro dice: “Someteos, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey, como superior, o a los gobernadores, como enviados por él para castigar a los malhechores y alabar a los que hacen el bien” (2:13). En otras palabras, Pedro está diciendo a estos seguidores de Cristo que se sometan a la autoridad del gobierno.

    Al observar los desafíos morales de nuestra cultura, sería fácil objetar el mandato de Pedro. Sin embargo, Pedro está hablando en una época en que Nerón era el emperador. Aunque la persecución física probablemente aún no había comenzado, no cabe duda de que los cristianos eran marginados y criticados por su fe. Y, aun así, Pedro llama a los cristianos a ser obedientes a la autoridad. Pero, ¿qué pasa si el gobierno no cumple su deber de castigar al malvado y alabar al que hace el bien? La pauta general aquí es que debemos obedecer la autoridad que Dios ha dado a nuestros líderes, pero cuando estos líderes contradicen claramente las Escrituras y nos exigen seguirles, debemos decir con Pedro y los demás apóstoles: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Nuestra autoridad suprema es Dios, pero debemos entender que Él también ha puesto a personas en autoridad. El gobierno es una de esas esferas.

    Notemos, entonces, que esta obediencia a la autoridad gubernamental no carece de propósito. Pedro continúa: “Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo el bien hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos. Como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios” (2:15-16). En el contexto del sufrimiento y la burla, obedecemos la autoridad para que nuestras vidas honorables sean un testimonio al mundo acerca de Cristo. Nuestra libertad no nos da licencia para pecar, sino la oportunidad de hacer el bien y vivir como siervos de Dios.

    ¿Cómo vivimos como siervos cristianos buenos y honorables en medio de una cultura hostil? Primero, honramos a todos. No debemos olvidar que todo hombre y toda mujer han sido creados a imagen de Dios. Segundo, amamos a la hermandad. El mundo sabrá que somos discípulos de Cristo por el amor que tenemos los unos por los otros (Juan 13:34-35). En tercer lugar, vivimos vidas buenas y honorables temiendo a nuestra autoridad suprema mientras honramos la autoridad humana que Él ha puesto sobre nosotros. Solo Dios es digno de nuestra admiración. Solo Dios es digno de nuestra adoración. Le adoramos a través de nuestra obediencia a Él, lo cual incluye honrar la autoridad humana que Él coloca sobre nosotros. Cuando vivimos vidas tan honorables ante los demás, los señalamos hacia Aquel que es el Señor y quien, por Su gracia, los salva cuando responden con arrepentimiento de sus pecados y ponen su fe en Él.

    Preguntas para Reflexión:

    • ¿Con qué frecuencia consideras cómo puedes honrar y orar por los líderes del gobierno en lugar de quejarte de ellos?
    • ¿Cómo puedes, por el poder del Espíritu Santo, poner en práctica 1 Pedro 2:17 en tu propia vida?