En la película The Dark Knight, Harvey Dent, convertido en Dos Caras, dice: “El mundo es cruel, y la única moralidad en un mundo cruel es el azar… Cincuenta y cincuenta”. El análisis de Harvey Dent parece también ser cincuenta y cincuenta, en parte correcto y en parte equivocado. La realidad es que sí vivimos en un mundo cruel y caído. Sin embargo, erraríamos si creyéramos que la moralidad en un mundo cruel y cargado de pecado es cuestión de azar. De hecho, el evangelio nos muestra lo contrario. Según la presciencia del Padre, Jesucristo fue enviado a vivir una vida perfecta, a morir la muerte de un pecador en la cruz como sustituto por nuestros pecados, y a resucitar para traernos salvación. Si el azar es la única moralidad en un mundo cruel, no hay esperanza. Si el poder de Dios en el evangelio nos da moralidad en medio de un mundo caído, entonces podemos regocijarnos en una esperanza. Debido a lo que Dios ha hecho en el pasado en Cristo, vivimos de manera diferente en el presente con anticipación por el futuro. Por eso vivimos vidas honorables como cristianos, incluso en medio de una cultura hostil.

Esto significa que no permitimos que nuestro corazón se endurezca hacia las personas que nos rodean. Si hay un tiempo para que el cuerpo de Cristo se una, las circunstancias de estos tiempos lo son. El apóstol Pedro exhorta así a los primeros creyentes cristianos: “En fin, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, humildes” (3:8). No te enfríes durante tiempos oscuros y crueles. Mantente cálido mostrando amor y compasión a tus hermanos y hermanas en Cristo, sin enfocarte en ti mismo, sino viviendo como el cuerpo de Cristo en unidad y humildad.

Además, cuando se te haga mal, vive correctamente. Tal vez en tiempos de sufrimiento por la fe, el cuerpo de Cristo se muestra más dispuesto a unirse. Pero ¿cómo responden al mal que enfrentan? Como Dios habla por medio de Pedro: “No paguéis mal por mal, ni injuria por injuria, sino por el contrario, bendecid, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (3:9). La respuesta a un mundo cruel no es el azar. La respuesta a un mundo cruel no es más crueldad. La respuesta a un mundo cruel es la bendición.

Esta bendición se ve de manera más convincente en el evangelio. Romanos 5:8 lo resume bien: “Pero Dios muestra su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Como pecadores, nos rebelábamos —y aún lo hacemos— contra Dios, hablando mal de Su nombre. Sin embargo, ¿qué hizo Dios? Vino a salvarnos. Los enemigos que hablaron mal de Él fueron aquellos a quienes vino a salvar.

Entonces puedes preguntar: “¿Cómo podemos bendecir mientras enfrentamos el mal?” Podemos hacerlo mirando al evangelio y comprendiendo lo que ocurrió en la persona y la obra de Jesucristo. El rey David entendió esta verdad y los resultados de bendecir. Lo que se presenta en 1 Pedro 3:10-12 es una cita del Salmo 34:12-16. La verdad es que amar la vida y ver días buenos no significa que no venga la aflicción. Significa que nuestra respuesta será diferente cuando la aflicción venga. El que se guarda de hablar el mismo mal, el que evita caer en el engaño, es el que será bendecido. El que se aparta del mal y hace el bien es el que vive de manera honorable. El que busca y persigue la paz es el que hallará bendición. El Señor se complace cuando ve a Sus hijos vivir rectamente mientras son agraviados por el mundo que los rodea. Aquellos que hacen el mal tendrán su día. Dios derramará Su ira sobre los que no confían en Él. Pero para los que confían en Cristo, nuestro testimonio es vivir de manera justa cuando somos agraviados.

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