La semana pasada vimos la identidad y la misión que los cristianos deben tener en su relación con Dios y con el mundo. Un mandato particular que el apóstol Pedro dio a estos cristianos que sufrían fue que mantuvieran su conducta honorable entre los incrédulos para que éstos llegaran a conocer y glorificar a Dios (2:12). Sin embargo, Pedro no deja ese pensamiento allí. Él va más allá de las generalidades y se pone específico sobre cómo estos cristianos pueden vivir vidas tan honorables. El primer lugar donde comienza es con la autoridad. Pedro dice: “Someteos, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey, como superior, o a los gobernadores, como enviados por él para castigar a los malhechores y alabar a los que hacen el bien” (2:13). En otras palabras, Pedro está diciendo a estos seguidores de Cristo que se sometan a la autoridad del gobierno.

Al observar los desafíos morales de nuestra cultura, sería fácil objetar el mandato de Pedro. Sin embargo, Pedro está hablando en una época en que Nerón era el emperador. Aunque la persecución física probablemente aún no había comenzado, no cabe duda de que los cristianos eran marginados y criticados por su fe. Y, aun así, Pedro llama a los cristianos a ser obedientes a la autoridad. Pero, ¿qué pasa si el gobierno no cumple su deber de castigar al malvado y alabar al que hace el bien? La pauta general aquí es que debemos obedecer la autoridad que Dios ha dado a nuestros líderes, pero cuando estos líderes contradicen claramente las Escrituras y nos exigen seguirles, debemos decir con Pedro y los demás apóstoles: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Nuestra autoridad suprema es Dios, pero debemos entender que Él también ha puesto a personas en autoridad. El gobierno es una de esas esferas.

Notemos, entonces, que esta obediencia a la autoridad gubernamental no carece de propósito. Pedro continúa: “Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo el bien hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos. Como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios” (2:15-16). En el contexto del sufrimiento y la burla, obedecemos la autoridad para que nuestras vidas honorables sean un testimonio al mundo acerca de Cristo. Nuestra libertad no nos da licencia para pecar, sino la oportunidad de hacer el bien y vivir como siervos de Dios.

¿Cómo vivimos como siervos cristianos buenos y honorables en medio de una cultura hostil? Primero, honramos a todos. No debemos olvidar que todo hombre y toda mujer han sido creados a imagen de Dios. Segundo, amamos a la hermandad. El mundo sabrá que somos discípulos de Cristo por el amor que tenemos los unos por los otros (Juan 13:34-35). En tercer lugar, vivimos vidas buenas y honorables temiendo a nuestra autoridad suprema mientras honramos la autoridad humana que Él ha puesto sobre nosotros. Solo Dios es digno de nuestra admiración. Solo Dios es digno de nuestra adoración. Le adoramos a través de nuestra obediencia a Él, lo cual incluye honrar la autoridad humana que Él coloca sobre nosotros. Cuando vivimos vidas tan honorables ante los demás, los señalamos hacia Aquel que es el Señor y quien, por Su gracia, los salva cuando responden con arrepentimiento de sus pecados y ponen su fe en Él.

Preguntas para Reflexión:

  • ¿Con qué frecuencia consideras cómo puedes honrar y orar por los líderes del gobierno en lugar de quejarte de ellos?
  • ¿Cómo puedes, por el poder del Espíritu Santo, poner en práctica 1 Pedro 2:17 en tu propia vida?

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